ESAS COSAS LOCAS QUE SÓLO PASAN DURANTE LAS VACACIONES.
Un amigo muy querido solía empezar sus fines de semana de verano con la siguiente frase: esta noche mi cuerpo pide comisaría. Aunque no todos tenemos el talento para resumir en una línea nuestro plan de juerga, la verdad es que todos, a nuestra manera, queremos vivir aventuras locas y salir de la rutina. No se trata de tener anécdotas para contarle a nuestros nietos, por ahí no va. Lo que nosotros queremos es vivir desmadres que luego podamos poner de status en Facebook y lograr muchos Likes.
La primera vez que fui a las playas del norte, Facebook no existía. Sepan, sin embargo, que Mark Zuckerberg hubiera estado muy orgulloso de mí. No sólo inventé un montón de cosas para ir sino que cuando llegamos a Las Pocitas nuestro alojamiento era un jacal de paja con piso de arena que tenía el wáter en una esquina, ¿me explico? El water estaba dentro de una habitación mixta comunal.
Tema aparte era la ducha. La habían puesto por fuera del cuarto y sin paredes ni cortinas. Había que bañarse con bikini o atreverse a hacerlo al natural. Nada de esto me importó. Tampoco a mis amigos. Nuestra meta era ir a una fiesta en Punta Sal y haríamos lo que fuese necesario para llegar.
Pese a las penosas condiciones, la alegría reinaba. Las chicas nos sacábamos arena de lugares que no sabíamos que tenían tan interesante capacidad y los chicos fueron los vanguardistas del peinado mohicano al tener el pelo tan duro que se paraba solo.
El día mismo de la fiesta, sin embargo, entendimos que era necesario reencontrarnos con el agua dulce y sobretodo dejar salir los demonios internos e ir al baño en algún lugar. Fue así que nos trasladamos hasta la playa Órganos y entre todos pagamos por 2 habitaciones en un Hostal que parecía sacado de la carretera terrorífica de alguna película gringa.
Una vez limpios y evacuados, nos enfrentamos al siguiente reto: ¿cómo ir a la fiesta en Punta Sal? Era en un Hotel precioso y la entrada no sólo costaba 50 dólares sino que además estaba agotada. La única opción era colarnos entrando por la playa.
Caminamos muchísimo. Yo, que no tengo talento para las actividades físicas ni para el cálculo de las distancias, sentía que ya habíamos pasado Tumbes. No me quiero hacer a la víctima pero no es fácil caminar por la arena con zapatos de plataforma y un vestidito que parece polo. Sobretodo cuando eres el tipo de persona que recién a la cuarta o quinta caída piensa que de repente es mejor caminar descalzo.
Después de bastante trajín, llegamos a la fiesta y nos mezclamos entre la gente. Y en una de esas piruetas de baile donde uno cambia de pareja sin proponérselo, terminé rodeada por unos brazos bastante interesantes. Luego de sobarlos sin pudor alguno, reparé en que mi compañero de baile era nada menos que un joven futbolista.
Sonaba a todo volumen “..para darte mi vida, yo volveré…”, pero juro que yo escuchaba campanas de boda. Me imaginaba terminando la canción en una pirueta digna de “Dancing with the Stars” y a él diciéndome que había decidido abandonar el fútbol internacional para volver a Perú a vivir conmigo forever and ever. Mientras alucinaba, en paralelo me preguntaba dónde viviríamos, si me volvería de la farándula o si me harían un ampay en el Parque del Amor. Comprenderán que tenía grandes planes para la que parecía ser mi nueva vida.
Lamentablemente, el infeliz de Elvis Crespo no fue capaz de hacer una canción que durara más de tres minutos, porque luego del acorde final mis sueños de boda explotaron como burbujas de champagne barato porque el joven futbolista me agradeció y se fue a bailar con otra, dejándome con promesas vacías de un forever and ever que no fue.
Sé que algún día la vida nos cruzará de vuelta, pelotero. Pero córtate el pelo por favor. Rapadito te ves más bonito.
TAPA ESTILO SOMOS Nro. 2
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Columna publicada en la 2da Edición de ESTILOS SOMOS de El Comercio. Se repartió en las playas del sur hace 2 findes. ¡Espero que les guste! ![]()

